LA MEDIA NARANJA

Existe una creencia muy generalizada en occidente sobre las relaciones humanas. Una creencia que se ha llegado a extender tanto que muchísima gente rige sus vidas según esa teoría. Quizás la culpa la tenga una mala lectura de Platón, quizás sea un invento comercial para vender de forma masiva en determinadas fechas según qué productos, quizás sea cosa de la Iglesia y su interés en crear familias monógamas y reproductivas.

El caso es que, según esta teoría, nacemos partidos por la mitad. Incompletos, a medias, imperfectos, fragmentados, escindidos. El entero recorrido de nuestra vida se basa en encontrar la otra mitad que nos complete y llene ese vacío que se supone que nos falta.

Un vacío que quizás, en lugar de a otra persona, requiera auto-confianza, seguridad en uno mismo, salud, dedicarse tiempo para aquellas pequeñas cosas de las que comúnmente prescindimos y que nos producen tanto placer. Quizás ese vacío pueda llenarse con tazas de café caliente en invierno, una cerveza helada en verano, tomar el sol con un libro en las manos.

Un vacío que quizás, por culpa de esa creencia, renunciamos a llenar de esas pequeñas cosas que nos gustan para llenarlo con otra persona. Una persona cualquiera con la que, amemos o no, estemos a gusto o no, debe quedarse con nosotros el resto de nuestras vidas.

Yo prefiero pensar en los seres humanos no como naranjas partidas por la mitad, sino como MANDARINAS.

Sí,  mandarinas. Hechas de muchos pedazos.

Porque cada persona que entra en tu vida deja su pequeña huella. Ya sea una amistad, alguien con quien cruzas la mirada en la calle y jamás vuelves a ver, un polvo de una noche, o alguien a quien amas. Todos y cada uno de ellos van formando un puzle, que puede tener cinco, veinte, mil o dos-mil piezas. Algunas de estas piezas ocuparán más espacio, otras serán más escuálidas porque no te habrán aportado tanto. Pero todas ellas son imprescindibles.

Hasta que encuentras el pedazo final. La última pieza que conforma tu mandarina. Todas las demás piezas del puzle te habrán hecho aprender, fortalecerte, de tal modo que, cuando llegas a la última pieza, eres lo suficientemente madura para quererte a ti misma y a la otra persona sin temores, sin miedos, sin renunciar a nada. Libre para elegir cuántas piezas quieres que tenga tu mandarina.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s