Noche 2.

¿Puedes enamorarte de alguien por un sueño?

Hoy he conocido a una chica mientras dormía. La cara era de una persona real (dicen que no podemos inventar caras mientras soñamos), la he sacado de alguien con quien compartí aula de estudio hace años. Por aquel entonces la chica ni siquiera me gustaba, nunca me fijé en ella. El carácter se lo he puesto yo. Bueno, yo no, mi subconsciente.

La chica tenía pareja, un chico. Pero eso no le impedía tratar de seducirme descaradamente.

Me enviaba mensajes de texto en los que me enredaba en sus palabras, y ahora, fuera del sueño, aún puedo recordar ese dulce placer que me encendía las mejillas, ese cosquilleo en las entrañas al leerlos.

Como si me hubiera vuelto a enamorar. De alguien que no existe.

De alguien tan atractivo que me invitaba a dejarlo todo para irme con ella.

Sin embargo, no lo hice. No lo hice porque sabía que detrás escondía una trampa mortal.

La del cuento de sirena arruinando marineros.

La de la Musa llevando al genio a la perdición.

Así que dejé que me enamorara, y luego renuncié a ella.

Renuncié a ella pero dejé que me regalara ese sentimiento en extinción. El de ese gran amor en sus primeros días.

El que te cambia la vida para siempre.

Y aquí estoy, enamorada de una sombra.

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