Toro de la Vega

No es una batalla,
porque no tengo ejército.
No es una venganza,
porque no soy pecador.
No pueden odiarme
porque no me conocen.
¿Por qué voy a morir hoy?
No tengo armas para defenderme
ni un intelecto superior.
No tengo aliados, no tengo voz
para suplicar clemencia o perdón.
No tengo juicio ni defensa,
no puedo huir de esta prisión…
No tengo elección:
Voy a morir hoy.

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FRAGMENTOS

Nacemos enteros, pero la vida nos va rompiendo en pequeños pedacitos.

La primera caída, la primera pelea con los amigos, una bronca de los padres, el primer amor y el primer desamor, la primera decepción profesional, la número cuarenta-y-tres, el primer roce con la muerte.

Son todas situaciones que van dividiendo  nuestro interior entre lo que éramos antes de esa experiencia y lo que somos tras vivirla.

Somos alguien un poco más experto, un poco menos inocente, un poco más furioso. Dejamos que nos penetren el perdón o el rencor, el amor o el odio, la paz o la rabia, la indiferencia o la compasión.

No podemos hacer nada para evitar la escisión irremediable de nuestro yo interior.

Pero sí podemos decidir cuáles son aquéllos fragmentos que nos conforman y cuáles es mejor desechar. Podemos elegir al amor para que remolque nuestras vidas, o estas pueden ser guiadas por la rabia.

Podemos abrazar el perdón, aprender de los errores y desterrar aquellas partes de nosotros mismos que en algún momento hemos expresado y no nos ha gustado.

Todos tenemos una bestia escondida dentro. Una bestia que se va fortaleciendo a medida que la vida se empeña en romperte en mil pedazos.

Quizás si logras domar a la bestia, logras también elegir cuáles son los  fragmentos que te conforman, y cuáles fueron partes que ya no existen de ti misma.

Lara Belmonte.

La otra mirada

A veces sientes que quieres comerte el mundo, dejarlo todo y centrarte en hacer aquello con lo que siempre has soñado pero, por un motivo u otro, nunca te has permitido intentar. Es entonces cuando te planteas hacerlo. Pero puede pasar que, en el momento que lo intentas, te quedes en blanco. Pienses que no tienes nada que decirle al mundo. Que todo aquello por hacer está inventado ya, que sólo serás una copia amateur de algo ya hecho por alguien que triunfó.

Pero todas las grandes cosas nacieron por inspiración de algo que ya estaba hecho. Sin un origen no habría un final. Sin un precedente no habría predecesor. Deja que algo te inspire, deja absorberte por ello, y luego crea. Reinventa, repiensa, reescribe el mundo. Hay infinidad de posibilidades, múltiples maneras de ver una misma realidad. Enséñale al mundo una nueva forma de verlo. Sé la otra mirada.

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